Desde hace años no me gusta el invierno. Ya en otoño, en cuanto empieza el frío y se hace de noche tan pronto, me encojo, me lleno de contracturas, no estoy tan alegre ni tan activa, ¿Por qué?
Empecé a buscar la relación entre el frío y la fibromialgia y encontré numerosos estudios que explican porqué el dolor aumenta con el frío.
Os hago un resumen del post que publicó la Clínica del Dolor de Madrid (dolormadrid.es) sobre el tema.
"Para nadie es un secreto que la llegada de los meses invernales afecta el estado de ánimo de las personas. Esto ocurre por cuestiones que están íntimamente ligadas a las emociones que se ven afectadas por la disminución de las horas de sol en relación con las de oscuridad y por la menor cantidad de tiempo que pasamos en actividades al aire libre.
De hecho esta reacción emocional, se ha documentado en algunos estudios como Trastorno Afectivo Estacional, si bien es cierto que afecta a las personas con muy distinta intensidad.
Lo cierto es que las personas con dolor crónico sí que son más vulnerables a padecer este declive emocional en el invierno, precisamente porque sus dolores tienden a empeorar. Esto los lleva a estar más propensos a emociones depresivas, lo que, como ya está demostrado, disminuye su tolerancia la dolor.
Así las cosas, estas personas entran en un bucle del dolor: hace frío, luego siento más dolor, por lo que me siento más triste y esto me hace que mi dolor sea mayor."
"En algunos casos no es el frío el culpable directo del malestar sino que son los cambios en la presión atmosférica y en la humedad, durante los meses fríos, los que provocan alteraciones en nuestro cuerpo.
Por ejemplo, en los días de invierno la presión atmosférica disminuye y provoca que el líquido sinovial de nuestras articulaciones se expanda. Esto puede ser causa de inflamaciones y rigidez en las articulaciones, lo que conlleva molestias dolorosas. Esto ocurre con especial frecuencia en personas que padecen enfermedades como la artritis reumatoide, la artrosis y la fibromialgia."
"Por otra parte, conviene tener en cuenta la afectación que el frío tiene sobre el sistema circulatorio y que puede reflejarse en la respuesta dolorosa de las articulaciones. Los especialistas en reumatología reconocen que el frío es vasoconstrictor, esto es, que genera un estrechamiento de los vasos sanguíneos que a su vez afecta el paso de la sangre.
Al disminuir la irrigación sanguínea en los músculos asociados a la articulación, aumenta el dolor y se pierde movilidad en la misma. El resultado es entumecimiento y aumento del dolor crónico.
Adicionalmente, y como resulta natural, en los días de frío los músculos están más contraídos. Las bajas temperaturas afectan también la elasticidad de ligamentos y tendones. Todo lo anterior, puede llegar a generar una presión adicional en las articulaciones, que se convierte en dolorosa en personas con patologías asociadas a inflamaciones o lesiones articulares."
Ya sabemos porqué, ahora a trabajar:
- Seguir con nuestra actividad física (pilates, andar...), aunque nos dé más pereza o suframos más dolor, porque sabemos que haciéndolo va a remitir.
- Gestionar nuestras emociones, ya sabemos que la falta de luz nos afecta, pero,
"A MAL TIEMPO, BUENA CARA". ¡Busca cada día algo que te haga reir.!
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